Caso de Floyd amerita asesinato en primer grado y cargos federales

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Por Eugenio Hopgood Dávila

El acto criminal perpetrado por el policía Derek M. Chauvin y sus tres cómplices contra George Floyd es sustancialmente más grave de lo que han imputado la fiscalía de Minnesota y amerita no sólo cargos estatales de asesinato en primer grado sino cargos federales que conllevan hasta prisión de por vida y pena de muerte.

En cuanto a la posibilidad de presentar los cargos federales por abuso de autoridad y violación de derechos constitucionales  es interesante ver que este ángulo ha sido en gran medida ignorado en el enfoque de los análisis que se presentan en los medios de Estados Unidos. Todo el asunto del proceso investigativo y judicial se concentra en el marco de acción del gobierno estatal de Minnesota, al punto que se crea la falsa impresión de que el Departamento de Justicia federal no tiene injerencia en el asunto. De esta manera, se libra al Ejecutivo del presidente Donald Trump de responsabilidad en cuanto a la encomienda de hacer justicia en el caso de George Floyd, que ya es un símbolo nacional y mundial del abuso policial racista.

Veamos la situación de Minnesota. Floyd fue inicialmente imputado (el 29 de mayo) cuatro días luego de los hechos, por cargos de asesinato en tercer grado, que lleva pena máxima de 25 años de prisión y homicidio. La denuncia criminal fue presentada por el fiscal del Condado de Hennepin, Mike Freeman, un funcionario cuestionado por activistas contra el racismo y la violencia policial en Minnesota.

Freeman ha sido criticado por no lograr condenas y en otros casos no presentar cargos contra policías que han dado muerte a ciudadanos negros en el condado que incluye a la ciudad de Minneapolis.

En 2019 el fiscal Freeman finalmente radicó cargos y logró una condena contra un policía, Mohammed Noor, quien había matado a una mujer en un incidente policial. En aquel encausamiento exitoso, el primero de un policía en la historia de Minnesota, Freeman le imputó los mismos cargos que originalmente presentó contra Chauvin, asesinato en tercer grado y homicidio. Un detalle revelador que la comunidad negra le sacó en cara: en ese único caso en que se logró la condena, el policía Noor, era negro y la víctima, Justine Ruszczyk, era una mujer blanca.

Mientras las protestas y motines se intensificaban día tras día en Minnesota y se regaban por la mayoría de los estados, el Secretario de Justicia de Minnesota, Keith Ellison, quien es afroamericano, anunció que asumiría directamente la dirección del proceso criminal contra los agentes. Freeman había sido efectivamente desautorizado y despojado del liderato en el caso. El 6 de junio, una semana luego de que Freeman presentara los cargos originales, la denuncia fue enmendada para convertirla en asesinato en segundo grado (que conlleva hasta 40 años de cárcel) y los otros tres oficiales fueron acusados como cómplices en el asesinato. La nueva denuncia enmendada fue firmada, en capacidad de fiscal, por el subsecretario (Assistant Attorney General) Matthew Frank, según se desprende del propio documento.

El asesinato en tercer grado en Minnesota -el cargo que se imputó originalmente- conlleva que el acusado le cause la muerte a alguien al cometer intencionalmente un acto “eminentemente peligroso” con “mente depravada” y “sin respeto por la vida humana”. Se castiga con un máximo de hasta 25 años de prisión. Bajo ese delito el “acto peligroso” es intencional pero presupone que no había “intención de matar”.

En cambio, el asesinato en segundo grado en Minnesota tiene varias modalidades, incluyendo una en la que se ha causado la muerte a una persona “con la intención de matarla”. Pero a Chauvin se le imputa haber causado la muerte a Floyd, sin intención de matarlo, mientras cometía un delito grave en su contra.  La modalidad de asesinato en segundo grado no intencional, al igual que la intencional, conlleva hasta 40 años de cárcel. 

Sin embargo, para que se configure el asesinato en primer grado en Minnesota, aparte de circunstancias específicas como que la víctima sea un policía o un testigo de un caso, entre otras, requiere probar que el asesinato haya sido intencional y premeditado. Este cargo es el más grave y conlleva pena máxima de prisión de por vida.

Un examen preliminar de la forma en que el concepto de “premeditación” se interpreta en los tribunales de Minnesota revela que este no requiere planificación detallada ni una reflexión profunda por parte del victimario o que deba ponderar si asesina o no a la víctima. Ese concepto de premeditación es similar al que existe en Puerto Rico.

Premeditación con la rodilla en el cuello

En 1988 el Tribunal Supremo de Minnesota decidió que el Tribunal de Distrito no erró al dar instrucciones al jurado en un juicio. Las instrucciones ratificadas por el tribunal indicaban que la “premeditación se puede formar en cualquier tiempo, momento o instante antes de matar”. Añade que significa “haberlo pensado antes por cualquier lapso de tiempo, no importa cuán corto”. Agrega que se “puede inferir de las circunstancias” y “sin embargo, un impulso crudo o no considerado, aunque incluya la intención de matar, no es premeditado”. (Ver State vs Flores, 418 N.W.2d 150 (1988) Este caso fue confirmado luego por el Tribunal Federal de Apelaciones cuando la defensa revivió sus argumentos mediante un recurso de habeas corpus en 1990.

En el caso de Flores, el Supremo de Minnesota reafirmó que esa interpretación está vigente en el estado desde 1906 y que había sido validada en el caso State v. Marsyla, 269 N.W.2d 2 (Minn. 1978). Esta  puntualiza que la premeditación se puede formar en “un instante” antes de matar. Un examen preliminar de las decisiones judiciales de Minnesota indican que esta definición no ha cambiado.

Dada esta definición del asesinato en primer grado en Minnesota y vistos entonces los hechos que ha observado el Mundo entero, este crimen es un asesinato premeditado en primer grado y los otros tres guardias fueron cómplices, por lo cual, al menos Chauvin, debe quedar expuesto a una pena máxima de prisión de por vida bajo las leyes del estado de Minnesota. En esa apreciación coincidimos con el abogado de la familia de la víctima, Ben Crumb, quien desde el inicio ha reclamado el cargo de asesinato en primer grado.

Chauvin llevaba ocho minutos y 53 segundos con su rodilla y la presión del peso de su cuerpo sobre el cuello de Floyd cuando llegaron los paramédicos y lo sacaron de encima para llevarse lo que ya con toda probabilidad era el cadáver de Floyd, quien en la ambulancia se encontraba sin pulso. Mientras Chauvin le apretaba el cuello, el agente Kueng le hacía lo mismo con su rodilla pero en la espalda y el agente Lane presionaba con su rodilla en el área de las piernas al hombre que estaba esposado a la espalda y no presentaba resistencia.

Una vez la víctima comienza a quejarse de que no puede respirar sumado al hecho de que él le tenía el cuello presionado con su rodilla, Chauvin tenía que estar consciente de que con toda probabilidad lo que Floyd le decía era cierto, es decir que apenas podía respirar. Esto era evidente también en su voz y en su tono desesperado. Chauvin evidentemente conocía que si un ser humano deja de respirar se muere.

Entonces Chauvin tuvo varios minutos desde que Floyd le alertó que no podía respirar y le dijo “me vas a matar” hasta que Floyd quedó inconsciente, inmóvil, sin hablar. Luego estuvo dos minutos más con la rodilla en su cuello y no la quitó hasta que llegó un paramédico y le sacó la pierna. Todo esto no fue en medio de una pelea o de una acción rápida y confusa en la que los individuos estuviesen actuando por impulso o instinto. Todo el tiempo Chauvin se vio tranquilo y en control con absoluta sangre fría. 

Chauvin tenía que estar consciente de que si persistía en su estrangulamiento lo mataría y tomó la decisión de seguir presionándole el cuello y así matarlo. Su experiencia le decía que saldría exonerado, que sería visto como una muerte accidental en un caso más en que los policías estaban poniendo en práctica sus procedimientos y tácticas rudas y abusivas pero toleradas por un sistema policial y judicial que acepta tales abusos. Por un sistema judicial que nunca antes había condenado a un policía blanco por asesinar a una persona en una intervención. No solo tuvo un instante, como requiere la ley de Minnesota para premeditarlo, tuvo largos y agonizantes minutos. Por eso decidió matarlo y lo hizo premeditadamente. 

La falta de racionalidad misma del procedimiento de arrodillarse sobre el cuello de un hombre que no estaba peleando ni resistiendo el arresto, que incluso ha dicho que va a abordar el carro, demuestra que si había una intención diferente al inicio, su intención se convirtió en matar y fue premeditada porque no tenían forma de lograr ningún otro propósito asfixiándolo de esa manera.

Otro indicio de que Chauvin quería torturar y matar a Floyd es el hecho de que el objetivo válido y racional de la intervención era montarlo en el auto-patrulla y ya lo habían montado en el carro, sólo que Chauvin mismo lo hala por la otra puerta, lo lanza al suelo y ahí les saltan todos encima.

Incluso no debe haber duda de que este fue un asesinato mediante tortura. Si hubiese sido en Puerto Rico, al probarse el elemento de tortura automáticamente se da el asesinato en primer grado. Minnesota, lamentablemente, no tiene la tortura entre esos elementos del asesinato en primer grado, algo de hecho conveniente para los policías que incurren en prácticas de tortura.

En un momento dado, Chauvin le dice de forma que solo se puede entender como sadista y cruel, donde le añade el factor psicológico a la tortura física cuando le dice “súbete al carro” y Floyd le dice “lo haré” pero Chauvin no se lo permite (ni los demás) porque sigue con su rodilla estrangulándolo. Esto es tan cruel que recuerda el pasaje de la crucifixión de Cristo en el que, según la tradición, el más sádico de los soldados romanos que son sus verdugos le dice: “Baja de esa cruz si es que eres el hijo de Dios” mientras lo torturaban con una lanza. El torturador se mofa al pedirle al torturado que se libere, que baje de la cruz, que se monte al auto-patrulla pero a su vez no se lo permite porque lo tiene clavado a la cruz o en este caso clavado al suelo con tres hombres arrodillados sobre piernas espalda y cuello. 

Justicia federal puede pero no quiere no acusa a Chauvin 

Queda igual de claro al examinar la conducta de los oficiales y la ley federal aplicable que el Gobierno federal de Estados Unidos tiene la facultad -diríamos también que el deber moral- de presentar cargos criminales federales contra los cuatro oficiales por el delito de causarle la muerte a Floyd al violar sus derechos constitucionales mediante la fuerza excesiva (18 USC 242). Este delito puede conllevar penas de hasta cadena perpetua y de muerte.

El propio Departamento de Justicia de EEUU indica en su portal electrónico que para establecer la intención de un agente del orden público de cometer una violación constitucional contra ciudadanos bajo el capíitulo 18 USC 242 se requiere probar mas allá de toda duda razonable que “el oficial sabía que lo que estaba haciendo estaba mal y era contrario a la ley y que decidió hacerlo de todas maneras”.

Se ha establecido que el manual de la Policía de Minnesota, aunque no prohibía la aplicación de fuerza en el cuello lo limita sólo a casos en los que el oficial entiende que su propia vida está en peligro si no lo hace. Es obvio que la vida de ningún oficial no estaba amenazada por Floyd esposado a la espalda con cuatro agentes sobre él por lo que Chauvin y los demás tenían que saber que lo que estaban haciendo estaba mal y era contrario a la ley. Ante el resultado de la muerte de Floyd, el delito federal grave está cometido y un fiscal ni siquiera tiene que probar que tenían la intención de matarlo. 

Sin embargo, el gobierno federal de Estados Unidos no radica estos cargos contra Chauvin y sus cómplices porque al secretario de Justicia William Barr y al presidente Donald Trump sencillamente no les da la gana de hacerlo porque no tienen interés de defender a la población negra y las demás minorías étnicas de los abusos de los cuerpos de Policía en los que existe una política y una cultura sistemática de abusos y asesinatos.

Basta con ver las innumerables expresiones de Trump alentando a los policías de EEUU a usar mano dura y a disparar y asesinar a los ciudadanos. Notorio fue su tuit, al comienzo de los motines cuando amenazó enviar tropas y dijo que “cuando comienzan los saqueos comienzan los disparos”, avalando así que se aplique pena de muerte sumaria por robar mercancía de una tienda o estar manifestándose cerca de donde eso ocurra. “Dejemos a la Policía que haga su trabajo”, ha dicho Trump en contextos en los que se cuestiona es la violencia ilegal y excesiva de los policías, animando a los agentes a abusar cada vez más de los ciudadanos, particularmente de los negros, latinos y otras minorías.